El Maratón de Santiago 🇨🇱 es el mayor evento deportivo de Chile. No solo del running chileno—del deporte chileno, con todas las disciplinas incluidas. Cada año, en abril o mayo según la edición, la capital andina se transforma para decenas de miles de corredores, con las cumbres nevadas de los Andes ⛰️ como telón de fondo. Hay escenarios de carrera bonitos, y luego está este, que es sencillamente excepcional 😍.
Antes de hablar del maratón tal y como lo conocemos hoy, hay que volver a una época en la que correr 42 kilómetros en la ciudad todavía se consideraba una actividad paranormal 👽. Todo empieza el 2 de mayo de 1909 en el Hipódromo de Chile 🐎, donde un grupo de corredores se reúne para el primer evento de maratón organizado en el país. El ganador, el español Antonio Creuz, completa los 42 kilómetros en 3h01'07. ¿Su premio? Un reloj de bolsillo ⌚. Cómo cambian los tiempos. En octubre del mismo año se organiza una segunda edición sobre 38 kilómetros. Luego, silencio 🤫. El maratonismo chileno empieza de cero décadas más tarde, armado a retazos entre 1985 y 1989 por una empresa alemana y un periodista llamado Patricio Amigo.
Es en 1990 cuando la carrera realmente toma forma, con la creación del Maratón Internacional de Santiago, organizado y estructurado oficialmente. Ese mismo año, por primera vez en la historia del evento, un atleta con discapacidad visual toma la partida: el abogado Miguel Ulloa, acompañado por su guía Rodrigo Salas, cruza la meta en alrededor de 4h30 🙌. La carrera ni siquiera tiene un año y ya está sentando las bases de lo que quiere ser: un evento popular, inclusivo, arraigado en la ciudad. En 1992, se une a AIMS (Association of International Marathons and Distance Races) y pasa a estar oficialmente reconocida en el escenario internacional. Ese mismo año, una tal Mónica Regonessi rompe el récord chileno femenino y se lleva... un auto Citroën AX 🚗. Al organizador le tomó tres años terminar de pagar el préstamo. Eso lo dice todo 😅. La carrera cambia su nombre en 2007 para convertirse en el Maratón de Santiago. Al año siguiente, en 2008, tiene lugar un movimiento simbólico: la salida y la llegada se trasladan de forma permanente frente al Palacio de La Moneda 🏛️, el palacio presidencial chileno, en la Avenida Libertador Bernardo O'Higgins, “la Alameda” para los que saben. Correr frente al palacio de gobierno de Chile, a lo largo de la arteria histórica que atraviesa la capital de punta a punta, es toda una declaración. La carrera afirma que le pertenece a la ciudad, no solo al calendario deportivo. En 2012, World Athletics le otorga la etiqueta Bronze Road Race, un reconocimiento internacional que oficializa lo que muchos ya sabían: Santiago juega en las grandes ligas 🏅.
Si has seguido hasta aquí, el recorrido del maratón (42,195 km, como debe ser) empieza y termina en la Alameda, que para Santiago es lo que los Campos Elíseos son para París, con más historia política y menos restaurantes para turistas 😄. La ruta serpentea por los barrios de la capital chilena, pasando frente al Estadio Nacional Julio Martínez Prádanos (que carga con una historia pesada, ya que fue un centro de detención después del golpe de 1973), bordeando parques, cruzando arterias modernas del centro 🏙️, antes de volver a donde todo comenzó para un final apoteósico. Y durante todo ese tiempo, si el cielo está despejado—algo común en el otoño austral—los Andes están ahí, imperturbables, a apenas 70 kilómetros, con sus cumbres nevadas elevándose por encima de los 6.000 metros 🏔️. El clima, precisamente, es uno de los activos secretos de esta carrera. Las temperaturas suelen oscilar entre 5 y 18°C el día de la carrera. Condiciones casi ideales para rendir, con un ligero riesgo de lluvia y mañanas frescas que más que justifican el viejo reflejo de la camiseta debajo de la camiseta. El maratón no es completamente plano; de hecho es bastante ondulado, y los últimos diez kilómetros se benefician de un perfil ligeramente descendente 🎢. En términos de rendimiento, el récord del circuito masculino pertenece al keniano Luka Rotich, que completó la carrera en 2h09'39 en 2017, un auténtico campeón, ya que ha ganado la carrera tres veces 🏆. En mujeres, es la peruana Inés Melchor quien posee la mejor marca con 2h28'18, establecida en 2015.
En cuanto a formatos, la carrera ofrece tres distancias: el maratón (42,195 km), el medio maratón (21 km) y los 10 km 👟. Las tres comparten el mismo ambiente festivo, la misma Alameda, los mismos Andes de fondo 🎉. En la edición anterior, más de 30.000 corredores en total tomaron la salida en todas las distancias, convirtiendo el evento en la mayor reunión deportiva del país. Los dorsales vuelan; los cupos, como dicen por allá, a veces se evaporan a las pocas horas de abrirse las inscripciones. Para los corredores extranjeros, la organización ofrece acceso directo sin pasar por el sistema local de sorteo, con precios en dólares (alrededor de 80 a 120 USD según la distancia) 💵. Los dorsales se retiran en la Expo Running, tradicionalmente montada en la Estación Mapocho, una antigua estación de tren reconvertida en centro cultural. Hay que decir una palabra sobre la dimensión social de esta carrera, porque forma parte del ADN del evento 🧬. El maratón ha creado una Fundación Maratón Social que trabaja en torno a tres pilares: conexión cívica, solidaridad y sostenibilidad ambiental. La edición de 2025 se presentó como una carrera carbono neutral 🌱. Es una dirección que los organizadores han asumido abiertamente desde hace varios años, en un país donde la conciencia ambiental ha avanzado considerablemente en los últimos años.
Santiago es una ciudad que a menudo sorprende a quienes aún no la conocen. La séptima área urbana más grande de América Latina, enclavada en un valle a 520 metros sobre el nivel del mar, bordeada al este por los Andes y al oeste por la Cordillera de la Costa, presume de un entorno natural excepcional para una capital de este tamaño. ¡El maratón es uno de los eventos que la elevan aún más! ⭐️
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