Hay carreras que se corren en un recorrido bonito y ordenado, con cinta y espectadores cada dos kilómetros. Y están las que siguen un camino —uno de verdad—, con sus piedras, sus raíces y sus sorpresas. Y luego está el Trail du Saint-Jacques by UTMB®, que se corre a toda velocidad sobre una leyenda 📖. No una pequeña historia local olvidada: el GR65, la gran autopista medieval de peregrinos rumbo a Santiago de Compostela 🛣️. Desde la Edad Media, millones de personas han pasado por allí. En una época en la que “salir a caminar” también significaba “quizá no volver jamás”. Bonito ambiente, ¿no? 😇 Solo que aquí hay un pequeño giro 🔄: vas a contracorriente. Mientras los peregrinos descienden tranquilamente hacia España con su concha colgando de la mochila, los corredores de trail, en cambio, suben el mapa a toda velocidad, con bastones de carbono y una chaqueta impermeable obligatoria 🗺️. El bordón de madera del peregrino ha sido sustituido por material técnico… pero el espíritu de aventura no se ha movido ni un milímetro 📏.
Todo empieza en Le Puy-en-Velay, y, sinceramente, cuesta encontrar un telón de fondo de salida más impresionante 🏛️. La ciudad se asienta sobre formaciones volcánicas totalmente improbables, con agujas rocosas que brotan por todas partes. En una de ellas se alza la capilla de Saint-Michel d'Aiguilhe, encaramada como salida de una película, y por encima de todo, una enorme estatua que vigila el valle. Dato curioso: se hizo con cañones fundidos tras la Guerra de Crimea. Sí, una estatua religiosa hecha con armas de guerra. A la Historia no le falta ironía 🙃. Y luego está la catedral de Notre-Dame du Puy. Desde hace más de mil años, los peregrinos bajan allí una gran escalinata antes de emprender 1.500 km. Los corredores de trail, en cambio, llegan destrozados al pie de esos escalones, a menudo de noche 🌙, en modo “vale, ya está, he sobrevivido”. Una inversión total de roles—y ahí está lo brillante. La carrera existe “solo” desde 2012, pero ya ha crecido de forma notable. Ahora forma parte de las UTMB World Series, así que recibe a corredores de todo el mundo.
En cuanto a formatos, hay mucho que hacer… o mucho que sudar 🫠. El Ultra du Saint-Jacques es el plato fuerte: 139 km y 6.000 mD+. Toda una noche al aire libre, con todos los sube y baja que eso implica. El “Grand Trail” (86 km) lleva a los más audaces a las gargantas del Allier, con un terreno juguetón que a veces puede ser brutalmente duro. El “Monistrail” (55 km) concentra la experiencia sin que por ello sea fácil. Y las “Chibottes” (28 km) te permiten probar el ambiente, con un extra: esas famosas pequeñas cabañas de piedra seca que dan nombre a la carrera (antes se usaban como refugios) 🛖. Los “12 km du Dolaizon” están para disfrutar sin sufrir demasiado (bueno… todo es relativo), y la caminata de 28 km te permite vivir el recorrido en modo peregrino, tranquilo y sin prisas 😌. Y, de hecho, no es raro cruzarse con caminantes de verdad rumbo a Compostela.
Los Running Stones son, en cierto modo, la “moneda” del circuito UTMB World Series. Un corredor de trail los gana al terminar ciertas carreras, y luego se usan para inscribirse en los grandes eventos del circuito, en particular el UTMB alrededor del Mont Blanc. En el Trail du Saint-Jacques, dependen de la distancia: el Ultra (139 km) da 4, los 86 km dan 3, los 55 km dan 2, y los 28 km dan 1. Cuanto más largo, más acumulas. En resumen, no son solo puntos: son tu “capital trail” para acceder a las siguientes carreras del circuito UTMB.
El terreno en sí es puro, sin filtros. Aquí no hay paisajes alpinos de postal. Los corredores atraviesan mesetas abiertas donde el viento te recuerda quién manda 💨, gargantas que te hacen perder cualquier sensación de civilización, y pueblos de piedra que brillan de noche 🏡. En las gargantas del Allier, por ejemplo, los peregrinos a veces evitaban pasar solos en aquella época: demasiado aislado, demasiado arriesgado. Y el camino, sobre todo, tiene algo más. No es místico en el sentido cliché, pero casi. Se ha caminado tanto que desprende una atmósfera particular 🤓. Algunos corredores juran que en mitad de la noche, en silencio total, sienten que no están completamente solos. Bueno, también podría ser el cansancio… pero aun así 👀. La llegada a meta es un momento de verdad. Siempre de noche. Siempre al pie de la catedral ⛪. Los corredores pasan horas en la oscuridad, en el barro, con el viento… y de repente vuelven a encontrar la luz, la ciudad, la gente. Es un poco como salir de un túnel. Muchos finishers dicen que esos últimos metros se les quedan grabados en la memoria más que cualquier otra cosa. Algunos incluso tocan la piedra de la catedral al llegar, como los peregrinos. Pequeño gesto simbólico, gran emoción 🤲.
Los organizadores lo llaman el “spiritrail” 🌿. Una palabra un poco extraña, pero le queda bien. No es solo un trail. Tampoco es solo un paseo histórico. Es una mezcla de ambas cosas, con un pequeño extra que cada persona siente a su manera. Y al final, ¿con qué te quedas? Con las piernas hechas pedazos, probablemente 🦵. Pero también con la sensación de que hiciste algo más que una carrera. Que seguiste una huella de mil años… pero a tu ritmo y en la otra dirección 😉.
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